Nota de Salud – Agosto

Para el desarrollo de un embarazo y el nacimiento de un bebé es necesario que inicialmente se asegure el reconocimiento y aceptación del embrión por parte del endometrio materno. Para ello, existen factores que deben asegurarse y consolidarse de una manera sincronizada que permitan ese perfecto diálogo entre el embrión y el endometrio uterino y que afiancen este fenómeno natural como por ejemplo: estructuras anatómicas, efectos hormonales y vías locales de señalización molecular. Hoy en día, se sabe poco acerca de la presencia de microorganismos sobre la capa endometrial ya que tradicionalmente la cavidad uterina fue considerada como una cavidad estéril o libre de bacterias. Últimos estudios científicos han cambiado este paradigma y fundamentalmente han demostrado que existe un microbioma uterino único y balanceado (comunidad de microorganismos que habitan la cavidad uterina) que juega un papel vital para el proceso de implantación embrionaria, protección contra patógenos, vías metabólicas y desde luego el mantenimiento de un embarazo. La diversidad
bacteriana uterina parece ser la continuación de la flora bacteriana vaginal la cual se caracteriza por ser única, diferente y de baja diversidad comparada con la de la piel, boca o intestino. El incremento del microbioma vaginal ha sido relacionado con enfermedades como vaginosis bacteriana, infección de vías urinarias , neoplasia epitelial cervical, endometritis, falla reproductiva, infertilidad, aborto recurrente y parto pretermino. La caracterización de la flora vaginal ha establecido una alta prevalencia de un tipo de bacterias denominadas Lactobacillus spp que producen ácido láctico, peróxido de hidrógeno, biosurfactantes y bacteriocinas que constituyen una barrera protectora contra la
invasión de patógenos como bacterias, hongos y virus.

La identificación de especies bacterianas vaginales y uterinas mediante técnicas moleculares de secuenciación genómica, han permitido la detección de familias
bacterianas anormales o no balaceadas a las que comúnmente habitan el endometrio de pacientes infértiles y que no refieren síntomas de inflamación endometrial o con ausencia de signos de infección genital demostrando así un perfil microbiano local característico. De esta manera, perfiles bacterianos en el útero de paciente infértiles han mostrado diferencias importantes en comparación a los perfiles bacterianos de pacientes con antecedentes de
fertilidad comprobada. Estas diferencias en el microbioma de la cavidad uterina de pacientes infértiles nos ha hecho desviar nuestra mirada a descubrir nuevos factores endometriales que pueden coexistir en pacientes que presentan falla
recurrente de tratamientos de fertilización in-vitro. Es por ello, que antecedentes de infecciones vaginales a repetición, citologías con resultado de inflamación persistente, flujos inexplicados y el uso de métodos anticonceptivos como dispositivos intrauterinos pueden ser factores que nos pueden orientar a pensar en la presencia de un microbioma endometrial no balanceado que conlleva a una inmadurez del sistema immune uterino tornándolo inflamatorio y no compatible con la implantación embrionaria y el embarazo.


Hoy en día, establecer la huella genética bacteriana de cada paciente es tan sencillo mediante el uso de una técnica denominada histeroscopia oficinal la cual puede diagnosticar con precisión y rapidez la presencia de inflamación locales e infección endometrial conocida como endometritis. En el mismo procedimiento se puede tomar una muestra por lavado de la cavidad endometrial para estudio de microbioma y poder conocer el perfil bacteriano de la paciente para poder dar tratamiento individualizado con el objetivo de repoblar el endometrio con flora bacteriana normal y de esta manera permita balancear este ambiente bacteriano endometrial como preparación previa para la implantación de un embrión. Es importante recordar que la falla reproductiva es de pareja y si demostramos la pérdida del balance bacteriano uterino muy seguramente la pareja portará la misma flora bacteriana en su tracto reproductivo y por tanto es responsabilidad del profesional especializado detener la cadena de transmisión, por lo que
también se recomienda realizar el mismo estudio de microbioma en una muestra de eyaculado seminal. Con base en lo anterior, es claro que las bacterias están en contacto cercano con el embrión, aun en fases muy tempranas del desarrollo y los esfuerzos de innovación deben encaminarse para buscar nuevas respuestas a su influencia positiva o negativa en la reproducción humana. El fascinante impacto de la colonización bacteriana en el cuerpo humano ha sido evaluado durante los últimos años y su influencia en el número creciente de pacientes infértiles que buscan nuevas estrategias de manejo y que hace obligatorio el entendimiento del microbioma genital y su papel fundamental en el
desarrollo inicial de la gestación humana.